El comité de práctica obstétrica del Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos recomendó acaba de emitir una recomendación en el sentido de que de ser posible las mujeres embarazadas no utilicen el medicamento antidepresivo Paxil (paroxetina). Existen estudios que demuestran que este medicamento puede aumentar el riesgo de problemas cardiacos en el bebé por nacer cuando se ingiere durante el primer trimestre del embarazo.
Esta misma organización también recomendó que la decisión de utilizar los antidepresivos conocidos como inhibidores de la recaptación de serotonina, entre los cuales se encuentra no sólo Paxil sino Prozac (fluoxetine), Zoloft (sertraline) y Lexapro (escitalopram) se tome caso a caso. En un estudio reciente se encontró que estos antidepresivos pueden causar un aumento de seis veces en las probabilidades de que el bebé nazca con una rara pero sumamente seria condición conocida como hipertensión pulmonar cuando se utilizan pasadas unas 20 semanas del embarazo.
Las embarazadas que utilizan estos medicamentos deberían consultar prontamente con su obstetra y su proveedor de salud mental para otras opciones para el tratamiento de la depresión.
Las recomendaciones Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos se encuentran en el número correspondiente a diciembre de 2006 de la revista médica Obstetrics & Gynecology.
Referencia
Committee Opinion No. 354: Treatment With Selective Serotonin Reuptake Inhibitors During Pregnancy
Obstetrics & Gynecology, 2006 108: 1601-1604
jueves, noviembre 30, 2006
Recomiendan a embarazadas no utilizar Paxil
lunes, noviembre 27, 2006
El estrés, el síndrome de “burnout” y la diabetes
En 1986 dos investigadoras llamadas Christina Maslach y Susan E Jackson, describieron lo que se conoce como el síndrome de burnout, síndrome de desgaste profesional o síndrome de estar quemado. Esta es una condición que afecta a profesionales que están sometidos a un gran nivel de estrés en sus labores. Las personas que sufren de burnout pueden presentar cansancio crónico, trastornos del sueño, problemas de adicción al alcohol, tabaco o drogas recetadas o no recetadas, hostilidad, irritabilidad, falta de afectividad, problemas gástricos y otros males.
Un nuevo estudio llevado a cabo en Israel añade a esta lista un aumento en las probabilidades de desarrollar diabetes. En dicho estudio los investigadores observaron a 677 trabajadores entre 1998 y 2003. La edad promedio de estos era de 43 años y cerca del 77 porciento eran hombres.
Se encontró que los que durante ese periodo padecieron del síndrome de burnout o desgaste profesional tuvieron una probabilidad 1.84 veces mayor de desarrollar diabetes tipo 2 que los que no padecieron de esta condición.
Aunque el estudio no provee evidencia definitiva de que el estrés aumenta el riesgo de padecer diabetes no es menos cierto que sugiere que existe una relación que no debemos ignorar. Según los investigadores el estudio sugiere que el burnout puede aumentar el riesgo de diabetes en una proporción similar al sobrepeso, fumar o la falta de ejercicio. Cuando el estrés laboral alcanza niveles intolerables se pueden presentar síntomas de burnout que afectan los aspectos físicos, emocionales y cognitivos de las personas. Esta es una condición que contrario al cansancio normal no desaparece tras un periodo de descanso. Samuel Melamed, quien fuera el autor principal del ya mencionado estudio entiende que es posible que algunas personas no puedan manejar bien el estrés y sus recursos para evitar los daños causados por éste se hayan agotado a causa, no solamente del estrés en el trabajo, sino de otras situaciones de la vida cotidiana.
Se sabe que el estrés puede afectar negativamente la capacidad del organismo para manejar la glucosa. Esto es especialmente así en algunas personas que son genéticamente vulnerables. Según los autores, este estudio confirma la necesidad de intervenir para reducir el nivel de estrés antes de que se convierta en un estado de burnout o desgaste profesional.
jueves, noviembre 16, 2006
Los antioxidantes y el tratamiento de cáncer
Desde hace varios años han surgido dudas acerca del uso de antioxidantes en personas que están siendo sometidas a tratamientos de radioterapia y quimioterapia para el cáncer. Algunos investigadores piensan que ingerir suplementos de antioxidantes como las vitaminas E y C puede interferir con el tratamiento, reduciendo su efectividad. Esta preocupación no carece de base ya que la radioterapia y la quimioterapia funcionan, al menos en parte elevando el nivel de oxidación y radicales libres, lo cual tiene el efecto de destruir las células cancerosas. Los antioxidantes tienen el efecto de reducir el nivel de oxidación y la cantidad de radicales libres generados en nuestro organismo.
No obstante, en un nuevo estudio llevado a cabo con pacientes de cáncer de próstata que recibían tratamiento de radioterapia se encontró evidencia de que, según los autores del mismo, el uso de antioxidantes no interfiere con dicho tratamiento. El estudio fue presentado en la Tercera Conferencia Internacional de la Sociedad de Oncología Integrativa celebrada en Boston durante el pasado fin de semana. Este estudio fue llevado a cabo por investigadores de los Cancer Treatment Centers of America, ésta es una red de hospitales especializados en el tratamiento de pacientes que padecen de cáncer en estado avanzado que combina tratamientos médicos convencionales con terapias complementarias tales como nutrición y naturopatía.
En este estudio se revisaron los niveles de PSA (Prostate Specific Antigen por sus siglas en inglés) en pacientes de cáncer de próstata luego de haber sido sometidos a tratamiento de radioterapia. El PSA es una proteína que se encuentra a niveles elevados en quienes padecen de cáncer de próstata. Se encontró que no había diferencia significativa en los niveles de PSA entre un grupo de estos pacientes que consumió antioxidantes tales como vitamina E, extracto de té verde, vitamina C, melatonina y multivitaminas de alta potencia y otro grupo que no los consumió.
Aunque este estudio luce interesante y promisorio, el autor de este blog no cree que sea definitivo. Primeramente, se limita a un solo tipo de cáncer. Aún cuando resultara correcto que los antioxidantes no interfieren con el tratamiento de radioterapia o quimioterapia en pacientes de cáncer de próstata esto no necesariamente significa que no suceda lo contrario en otros tipos de cáncer. Por otra parte, habría que ver si la un estudio basado en los niveles de PSA puede considerarse como evidencia lo suficientemente sólida para ser considerado prueba contundente.
jueves, noviembre 09, 2006
El azúcar aumenta riesgo de padecer cáncer de páncreas
El cáncer de páncreas es una forma de cáncer poco común pero extremadamente mortal. Es difícil de tratar y por lo general cuando se descubre ya es muy tarde para salvar la vida de la víctima. Por esta razón la prevención es extremadamente importante.
En un estudio llevado a cabo entre 1997 y 2005 en el que participaron cerca de 78,000 hombres y mujeres, investigadores del Instituto Karolinska en Suecia encontraron que un elevado consumo de azúcar y alimentos azucarados aumenta considerablemente el riesgo de padecer este tipo de cáncer.
La causa parece ser estar ligada al incremento en la producción de insulina causada por el azúcar. Señalan los investigadores que el consumo frecuente de azúcar y alimentos azucarados hace que aumente el nivel de azúcar en la sangre lo cual hace que aumente la demanda de insulina y se reduzca la sensitividad de los tejidos a la acción de ésta. El páncreas, localizado entre el estómago y la espina dorsal, es la glándula encargada de la producción y secreción de insulina.
Algunos ejemplos del aumento en la incidencia de cáncer de páncreas causado por el azúcar son:
El consumo diario de dos o más bebidas gaseosas o azucaradas aumenta en un 90 por ciento las probabilidades de desarrollar cáncer de páncreas.
Las personas que, al menos cinco veces al día, añaden azúcar a lo que comen o beben (como por ejemplo, al café, el té o los cereales) aumentan en un 70 por ciento las probabilidades de desarrollar cáncer de páncreas.
Relacionado con esto, es importante recordar que muchos productos en los que el azúcar no aparece como un ingrediente en la etiqueta, pueden sin embargo, contener una gran cantidad de azúcar bajo varios nombres, entre ellos: sirope de maíz alto en fructosa y maltosa (más información sobre esto aquí).
Aunque no se conocen exactamente las causas del cáncer de páncreas sí se sabe que hay varios factores que aumentan las probabilidades de padecerlo. En adición al elevado consumo de azúcar, acerca del cual existían sospechas, aunque al parecer, antes de este estudio no existía evidencia que lo vincularan directamente con el desarrollo de esta enfermedad, otros factores que contribuyen a un elevado riesgo de cáncer de páncreas son:
- La edad - la mayoría de los casos de cáncer de páncreas ocurren en personas de más de 60 años de edad.
- Fumar- los fumadores tienen un riesgo dos o tres veces mayor que los no fumadores.
- Diabetes - las personas diabéticas también tienen un mayor riesgo.
- El ser varón - el cáncer de páncreas ocurre con más frecuencia en los hombres que en las mujeres.
- Ser de ascendencia afroamericana - su probabilidad de desarrollar cáncer de páncreas es mayor que la de los hispanos, los asiáticos y la de los caucásicos.
- Historial familiar - las personas que cuyo padre, madre o un hermano o hermana ha padecido de cáncer de páncreas tienen un riesgo tres veces mayor de desarrollar también la enfermedad. Un historial familiar de cáncer de ovarios o de colon también aumenta el riesgo.
- Pancreatitis crónica - existe evidencia que esta condición aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de páncreas.
- Una dieta alta en grasas y la exposición a ciertas sustancias químicas en el lugar de trabajo también pueden aumentar el riesgo, según sugieren algunos estudios.
Referencias
Susanna C Larsson, Leif Bergkvist and Alicja Wolk. Consumption of sugar and sugar-sweetened foods and the risk of pancreatic cancer in a prospective study. American Journal of Clinical Nutrition, Vol. 84, No. 5, 1171-1176, November 2006.
Halcyon G. Skinner1, Dominique S. Michaud, Edward Giovannucci, Walter C. Willett, Graham A. Colditz and Charles S. Fuchs. Vitamin D Intake and the Risk for Pancreatic Cancer in Two Cohort Studies. Cancer Epidemiology Biomarkers & Prevention Vol. 15, 1688-1695, September 2006.
martes, noviembre 07, 2006
El estrés nos ayuda y también nos mata (continuación)
En la entrada anterior hablaba acerca de lo que es el estrés y acerca de las pioneras investigaciones de Hans Selye acerca de los daños causados por un estado prolongado de estrés. Veamos ahora otros hallazgos modernos acerca de los daños causados por el estrés, algunos factores que pueden agravar sus efectos y algunas características personales de quienes resisten exitosamente los embates del estrés. En nuestro website saludparati.com. tenemos información adicional acerca del estrés incluyendo una sencilla prueba dirigida a evaluar los niveles de estrés a los que hemos estado sometidos durante el último año y algunas técnicas dirigidas a controlar el estrés y evitar los daños que nos puede causar.
El mecanismo del estrés está diseñado para responder efectivamente a peligros o emergencias súbitas que requieran una acción rápida y no se prolonguen demasiado. Cuando la amenaza que nos hizo activar el mecanismo del estrés cesa nuestro cuerpo envía señales hormonales que desactivan este y nuestro cuerpo regresa a la normalidad. El problema es que en nuestra moderna sociedad el mecanismo del estrés se activa no tanto a causa de peligros momentáneos sino a causa de estados emocionales prolongados (como, por ejemplo, una situación de infelicidad matrimonial) o que se repiten a diario (como, por ejemplo, el tapón para ir y para regresar del trabajo). Bajo dichas circunstancias las hormonas secretadas pueden comenzar a causar grandes daños a nuestro organismo. Entre estos daños se incluyen: fatiga, destrucción de los músculos, diabetes, hipertensión, úlceras, enanismo, impotencia, pérdida de deseo sexual, interrupción de la menstruación, aumento en la susceptibilidad a enfermedades, y daños a las células nerviosas.
Cuando los niveles de cortisol se mantienen elevados durante tiempo prolongado se produce un desgaste de los músculos, elevados nivels de glucosa en la sangre, y se suprimen las respuestas inflamatorias del sistema inmunológico, las células del hipocampo comienzan a dañarse, las células blancas de la sangre se desactivan, haciendo a la persona más susceptible de contraer enfermedades. También aumenta el apetito haciendo que las personas aumenten de peso. Es común que las personas con estrés crónico coman en demasía por las noches. También puede producirse hipertiroidismo. Se ha estimado que el estrés crónico puede fácilmente acortar la vida de una persona en quince o veinte años.
Las investigaciones recientes demuestran que existen varios factores que pueden agravar el estrés e incluso convertir una situación aparentemente inocua en una que amenaza con afectar negativamente nuestra salud. Los más importantes de éstos son:
- Imposibilidad de anticipar o predecir - Se da cuando sabemos que una situación o evento estresante habrá de ocurrir pero no tenemos forma de saber cuando ni como.
- Falta de control - Es lo que tenemos cuando no podemos hacer nada para modificar o escapar de una situación. Es un estado sin esperanza.
- Falta de medios para descargar la frustración - En nuestra moderna sociedad se nos pide que disimulemos las frustraciones y no demos rienda suelta a nuestros impulsos y emociones. Esto puede tener el efecto de permitir la acumulación de diversas hormonas y otras sustancias que pueden resultar nocivas al organismo. La falta de medios adecuados para descargar la frustración y aliviar el estrés hace que muchas personas utilicen con este fin las bebidas alcohólicas, las drogas o el comer excesivamente con los resultados que todos conocemos.
- Le dan la bienvenida a los cambios, sean positivos o negativos. Los perciben como una parte inevitable de la vida y como una oportunidad de crecimiento, no como una amenaza a su seguridad.
- No ven los reveses y los desastres como “el fin del mundo” o como algo que no tiene remedio.
- Tienen confianza en su capacidad para resolver los problemas que surjan o controlar el impacto de los mismos.
- Poseen una amplia red de apoyo. Están profundamente involucrados con familia, compañeros de trabajo o amistades.
- Poseen un fuerte sentido de compromiso, dedicación y dirección en sus vidas.
- Creen en el valor y la importancia de la labor que llevan a cabo y se perciben a si mismos(as) como personas valiosas.
lunes, noviembre 06, 2006
El estrés nos ayuda y también nos mata
Cuantas veces lo hemos sentido. El corazón nos late rápidamente, una extraña sensación de “mariposeo” en el estómago”, la respiración acelerada, la boca reseca. Estas y otras manifestaciones de nuestro cuerpo nos indican, sin duda alguna, que estamos pasando por una situación de estrés. Para muchas personas en nuestra sociedad contemporánea esta parece ser una situación cotidiana y pareciera como si se hubiesen acostumbrado a vivir así. Otras no padecen de unas manifestaciones tan dramáticas, al menos no diariamente, pero día a día sienten un cierto nivel de ansiedad, temor o preocupación cuya causa muchas veces no pueden determinar. Estas personas también están bajo la influencia del estrés y aunque no se den cuenta poco a poco su salud física y emocional se va deteriorando.
Muchas veces hemos escuchado el término estrés y damos por sentado que puede afectar nuestra felicidad al igual que nuestra satisfacción con la vida y con lo que hacemos. Algunos están conscientes, además, de que el estrés de alguna forma puede afectar nuestro corazón o causarnos problemas gastrointestinales. Sin embargo, pocos están conscientes de que el estrés es responsable de mucho más. El estrés está relacionado con numerosas enfermedades, en algunos casos como el causante principal y en otros, como factor contribuyente, entre ellas: hipertensión, arteriosclerosis, cáncer, artritis reumatoidea, problemas gastrointestinales, problemas cardiacos, depresión, problemas de la memoria, desórdenes de la piel y asma. El estrés es también sumamente dañino para las personas que padecen de diabetes. De hecho, se ha estimado que entre el 60 y el 90 porciento de las visitas a los médicos tienen que ver con problemas en los que el estrés está de una u otra forma involucrado. Más aún, se sabe que un estado prolongado de estrés puede, incluso, acelerar el proceso de envejecimiento. ¿Cómo es esto posible? Para comenzar a entender esto veamos primeramente algo de lo que sabemos acerca del estrés y sus efectos tanto benéficos como perjudiciales. Si, dijimos benéficos, porque aunque usted no lo crea, el estrés es una reacción normal de nuestro organismo y es necesario para la vida y hasta para sentirnos felices. Los problemas con el estrés surgen cuando éste se dispara cuando no es necesario y cuando permanece activado por tiempo prolongado.
Pero no nos adelantemos. Veamos primeramente qué es el estrés .
¿Qué es el estrés?
Pensemos en un automóvil al cual le imponemos subir rápidamente una empinada cuesta. Para lograr esto, el motor y otras partes de éste deberán trabajan con mayor intensidad. Durante este tiempo el gasto de gasolina del vehículo es mayor que en condiciones normales. Pero más aún, si este vehículo tuviera que subir cuestas similares continuamente y esta situación se prolongara durante días, semanas y meses pronto veríamos que la vida útil del mismo se reduciría notablemente. El motor, la transmisión y otras piezas vitales se desgastarían aceleradamente. Pues bien, al igual que en el caso del vehículo que hemos descrito cuando nos enfrentamos a un peligro inminente nuestro cuerpo tiene que hacer un esfuerzo superior a lo normal para luchar o escapar. El mecanismo del estrés es el encargado de proveer la preparación y la energía adicional que se necesita en esos momentos. Por medio de este mecanismo nuestra fuerza y agilidad aumentan, reaccionamos más rápidamente y nuestra atención se concentra totalmente en el problema. Si esto ocurre de cuando en vez; no sobrepasa ciertos límites y no se prolonga demasiado tiempo, podemos volver a la normalidad sin problemas mayores. Sin embargo, cuando el estrés es continuo o sobrepasa ciertos límites tiene efectos altamente nocivos.
Aunque ya el fisiólogo norteamericano Walter Cannon había descrito El moderno concepto de estrés fue formulado durante la década de 1930 por Hans Selye, un médico endocrinólogo de origen austriaco que desarrolló su carrera en Canadá.
Selye estaba llevando a cabo un estudio con ratas a las cuales les inyectó un extracto de ovarios que recientemente había sido aislado por un bioquímico que trabajaba en la misma universidad que Selye. Selye quería saber los efectos de esta sustancia. Tras varios meses Selye descubrió que las ratas tenía úlceras pépticas, las glándulas adrenales agrandadas y un encogimiento del timo, una glándula involucrada en la respuesta del sistema inmunológico. Selye pensó que había descubierto los efectos de el extracto de ovarios. Sin embargó al repetir su estudio y comparar un grupo de ratas a las cuales se les había inyectado meramente una solución salina con otro al que se le había inyectado el ya mencionado extracto se dio cuenta que ambos grupos presentaban las mismas úlceras pépticas al igual que los daños en las glándulas adrenales y el sistema inmunológico. Selye se dio cuenta de que el extracto de ovarios no podía ser la razón de lo que le sucedía a las ratas. Lo que él no había tenido en cuenta pero después resultó ser la clave del misterio era que Selye no era diestro manejando las ratas. En el proceso de inyectarlas muchas veces se le caían o escapaban y tenía que pasar buen rato persiguiéndolas. A veces no lograba inyectarlas de la primera vez. Selye pensó que tal vez los daños presentados por las ratas se debían a lo poco placenteras que resultaban ser las condiciones a las que las estaba sometiendo. Para probar esta idea sometió un grupo de ratas a condiciones de frío intenso otras a fuerte calor, a otras las obligó a llevar a cabo ejercicios y a otras las sometió a procedimientos quirúrgicos. Al final observó que todas desarrollaron los mismos daños que las primeras ratas. Selye razonó que lo que le sucedía a las ratas era causado por cualquier situación desagradable no importa su origen o naturaleza. A este conjunto de respuestas, que hoy conocemos como la respuesta de estrés, Selye lo llamó el síndrome de adaptación general y lo dividió en tres etapas cada una de las cuales consiste en una serie de reacciones fisiológicas. A la primera la llamó la etapa de alarma.
La etapa de alarma se produce cuando el estresor es detectado. Supongamos que nos topamos con alguien que quiere agredirnos con un cuchillo. Nuestro cuerpo responde activando una región del cerebro llamada el hipotálamo. El hipotálamo lleva a cabo dos acciones simultáneas. Por un lado estimula al sistema nervioso simpático (la parte del sistema nervioso que controla los procesos automáticos de nuestro cuerpo como el ritmo cardíaco, la respiración y la digestión) el cual envía señales a la parte central de las glándulas adrenales, localizadas sobre los riñones para que produzcan las hormonas epinefrina y norepinefrina (también conocidas como adrenalina y noradrenalina). La segunda acción del hipotálamo consiste en la liberación de una sustancia llamada hormona liberadora de la corticotropina. Esta sustancia viaja hacia la glándula pituitaria localizada debajo del hipotálamo y la estimula para que produzca la hormona adrenocorticotrópica (ACTH). Esta hormona, a su vez, viaja a través de la sangre y al llegar a las glándulas adrenales estimula la corteza de éstas para que produzcan una hormona llamada cortisol,. El efecto de todo esto es el de mobilizar el organismo para lidiar con el estresor. El mensaje del hipotálamo a través sistema nervioso simpático por viajar a través de impulsos nerviosos es el primero que llega a las glándulas adrenales de modo que la epinefrina y la norepinefrina son las hormonas que dan comienzo a la reacción de estrés. La adrenalina hace que el corazón lata más rápidamente, aumenta la presión arterial, estrecha los pequeños vasos sanguíneos de la piel y el sistema digestivo a la vez que dilata los de los músculo de las piernas, hace que el hígado libere glucosa aumentando así el nivel de esta en la sangre, dilata las pupilas, nos hace reaccionar más ráidamente, aumenta el ritmo de la respiración y contrae ciertos músculos y relaja otros. La noradrenalina por su parte aumenta la fuerza de las contracciones del corazón y tiene un efecto vasopresor (contrae los vasos sanguíneos). Trabaja conjuntamente con la epinefrina para liberar energía de las grasas, preparar los múculos y acelerar el corazón. El cortisol, por su parte tiene efectos antiinflamatorios, ayuda al cuerpo a obtener energía de las grasas y los carbohidratos. El propósito de todo esto es prepararnos para la acción. En esta etapa inicial prácticamente todo el cuerpo responde al estado de emergencia. Se produce un aumento del ritmo cardiaco, la presión arterial y el ritmo de la respiración. Además se movilizan las reservas de energías del cuerpo, se inhibe el proceso de digestión de los alimentos y el metabolismo, se desactivan los mecanismos que regulan el crecimiento y buena parte del sistema inmunológico. Esto es útil a corto plazo ya que permite utilizar los recursos bioquímicos del cuerpo para enfrentar la amenaza. La persona está en un estado de preparación máxima. Muchas veces, en esta etapa se logra superar la emergencia, por ejemplo si la persona logra evitar una amenaza corriendo.
Si la amenaza permanece un tiempo adicional se entra en la segunda etapa. En esta en lugar de el cuerpo responder como un todo se producen una serie de respuestas locales. Los niveles de cortisol, epinefrina y norepinefrina se reducen hasta quedar solamente un poco sobre lo normal. Durante esta etapa la capacidad de enfrentar el peligro es alta y puede permanecer así durante un tiempo considerable. Si las respuestas de la segunda etapa son insuficientes para eliminar el estresor, se produce eventualmente la tercera etapa, que es la de agotamiento. En esta etapa los niveles de las hormonas de estrés vuelven a subir y el cuerpo nuevamente se moviliza como un todo. Si durante esta última etapa el estresor no es eliminado rápidamente, la persona sufre una serie de daños fisiológicos y psicológicos que pueden incluso llevar a la muerte. Según Selye esto sucede porque las hormonas segregadas durante la respuesta de estrés se agotan.
Sin embargo, según investigaciones recientes lo que sucede no es en realidad que las hormonas o las glándulas que las producen se agoten. Esto ocurre en muy pocas ocasiones. Lo que sucede más bien es que llega el momento en que la respuesta de estrés resulta ser tanto o más dañina que el mismo estresor.
Continuaremos
domingo, noviembre 05, 2006
Alimentos para el cerebro: la dieta y los neurotransmisores
¿Sabía usted que el cerebro humano utiliza ciertas sustancia conocidas como precursores para a partir de las mismas manufacturar neurotransmisores, las sustancias con las cuales las células nerviosas se comunican entre sí? Las neuronas o células nerviosas modifican la estructura de estas sustancias precursoras en una serie de reacciones en la que están involucradas diversas enzimas. Cuando la dieta es deficiente en alguna de estas sustancias el cerebro no puede producir cantidades suficientes del neurotransmisor o los neurotransmisores de los cuales esta sustancia es precursora. Cuando el balance de neurotransmisores en el cerebro se altera debido a la falta de uno o más de estos, pueden producirse diversos problemas o enfermedades neurológicas y mentales.
Algunas de las sustancias precursoras y los neurotransmisores de las cuales son precursoras son:
Ácido aspártico - el cerebro lo utiliza para producir aspartato - Se encuentra en buenas cantidades en los cacahuates, los huevos, las patatas, los granos y los germinados de semillas.
Colina - utilizada para producir acetilcolina, un neurotransmisor vital en la transmisión de impulsos nerviosos a los músculos. Se encuentra abundantemente en las habichuelas soya, el hígado y los huevos.
Ácido glutámico - utilizado en la producción de glutamato un neurotransmisor que se cree está involucrado en funciones cognitivas tales como la memoria y el aprendizaje. Se encuentra en las harinas y las patatas.
Fenilalanina - utilizada para manufacturar dopamina un neurotransmisor con numerosas funciones entre ellas algunas relacionadas con el control de los movimientos y los estados de vigilia. Se encuentra en buenas cantidades en la carne, los huevos, la remolacha, las habichuelas soya, los granos y las almendras.
Triptófano - El cerebro lo utiliza para producir serotonina un neurotransmisor que juega un papel importante en la regulación de los estados anímicos, el sueño y el apetito, entre otras funciones. El triptófano se encuentra en el banano, la leche integra y descremada, el yogur, el queso, los huevos y la carne.
Tirosina - se utiliza en la producción de noradrenalina, también conocida como norepinefrina, un neurotransmisor involucrado en las funciones relacionadas con la atención. Se encuentra en las carnes, el pescado, la leche, las almendras, el aguacate, el banano y las habas.
